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3/9/11

Instinto asesino

De mi rutina diaria ya no forma parte el matutino viaje en subte, como acostumbró ser hace tiempo y por muchos años. Pero sin embargo, ayer viernes, tuve un seminario en la Manzana de la Luces en pleno horario de oficina. Y derepente recordé lo que era subirse a la línea D, por la mañana, en horario pico.

No necesito contarles a quienes me conocen todo lo que habitó en esos escasos 25 minutos en mi cabeza. Toda la vida el subte exalto mis malos pensamientos.

El subte hace nacer en mí, unas horribles ganas de pelear y un oscuro apetito por pegarle a alguien. Despierta mi instinto asesino.

Toda esa buena chica que va por ahí, que es amorosa y sonriente, en el subte no tiene lugar.

Vieron Un día de furia? Bueno, cualquier parecido con la realidad (o con la ficción en este caso), es pura coincidencia.

4/12/09

Mi cartera acarrea

Una gran billetera con más fotos y fotitos, estampitas y papelitos que billetes.
Una cigarrera china.
Un bolso repleto de cosas que se pueden necesitar imprevistamente estando fuera de casa (desde costurerito de viaje hasta aspirina y curitas).
Una bolsita con caramelos, siempre.
Llaves.
Muchas llaves. Tengo tres llaveros distintos con llaves de diferentes lugares y muchos dijes colgando.
Dos teléfonos (lamentablemente el trabajo me exige que use un radio/ladrillo insoportable).
Mis lentes de falso carey y mis anteojos para el sol.

Un libreta y una birome para escribir todo lo que se me va ocurriendo o data que recojo por allí.
Un norteño monedero que guarda amuletos, recuerdos y monedas de otros países, no de uso diario, no.
Y siempre algo extra: un libro, una artículo de alguna revista, alguna sección del diario, varios folletos; por ejemplo.

(No es necesario aclarar lo que pesa, NO?).
Un mundo.
Una verdadera caja de Pandora.


17/9/09

Mi eterna letra chica

Los viernes por la mañana tomo clases de canto. Mi profesora, cree que soy dentro de su alumna, la que le hace las preguntas más anormales. No soy extremadamente extrovertida con ella, porque sí soy pudorosa, porque creo que no canto bien y eso me retrae ante alguien que si lo hace. Pero me sale plantearle mis teorías cuando ella me dice algo. Lo hago casi sin querer, por esa manía que tengo de tener teorías, que ya dije que debía abandonar. Luego de mi pregunta sobre la papada (ver post: Pregunta idiota), siguieron otras más.
Me dijo que tenía que hacer ejercicios con un globo desinflado, para lo que le contesté, que eso traía dolor de oídos.

Ahí fue su primera sorpresa.
Luego me indicó que haga otros, soplando con un sorbete dentro de un vaso con agua. Mi comentario fue que yo no solía usar sorbetes, porque creo que te llena la panza de aire, que igual con eso no había problemas, ya que era soplar y no aspirar.

Sorpresa nuevamente.
Volvió a repetirme, que nunca nadie le había planteado teorías tan extrañas.

No soy tan insoportable como parece, ni mucho menos tan quejosa, sólo es que tengo demasiada letra chica.

28/5/09

Violencia matinal contenida

La señorita del altovoz del subte repite:
Informamos que la línea D se encuentra momentáneamente interrumpida. Disculpe las molestias ocasionadas.
A los 17 segundos repite:
Informamos que la línea D se encuentra momentáneamente interrumpida. Disculpe las molestias ocasionadas.
A los 17 segundos más repite:
Informamos que la línea D se encuentra momentáneamente interrumpida. Disculpe las molestias ocasionadas.
A los 17 segundos una vez más y así sucesivamente.
Si hubiera tenido un palo largo a mano, juro que hubiera roto el parlante a golpes.
(Aviso que lo estuve buscando con la mirada y todo)

Además, ¿Para que me pide disculpas si a los de Metrovías le da exactamente lo mismo si yo estoy molesta o no?

Al borde del surmenage

¿Cómo se hace para saber cuál es el límite?
¿Hasta que punto vale la pena resistir para lograr ciertas cosas?
No lo sé. Por lo pronto yo estoy por enloquecer. Igualmente, considero que tengo un gran espíritu. A pesar de todo, lo cuento con risa y me la sigo bancando.
Seguramente no será para tanto al lado de otras muchas cosas, pero que hay que remarla, hay que remarla.

5/5/09

Tirria

Odio hacer cola en el banco, con todo mi ser.
Genera en mí mayor ofuscamineto que el subte cuando está atiborrado de gente.
Lo destesto.

11/9/08

En el subte

Estando esta mañana en el andén de la Estación Mtro Carranza, me saqué mi campera negra desflecada y mi bufanda fucsia porque había mucha humedad y me daba calor. Además llevaba en mi mano un paraguas rayado.
Ya subida al subte, logré apoyarme contra una de las paredes cercanas al empalme entre un vagón y otro.
Casi al llegar a Catedral, dejé caer al suelo mi paraguas (intencionalmente, claro) para poder ponerme tranquila la campera y la bufanda. Mientras que estaba colocando un brazo por entre la manga izquierda, siento en mi hombro una seguidilla de tres golpecitos punzantes con un dedo índice. Mi reacción, como es de esperar, fue darme vuelta inmediata y bruscamente para ver que sucedía detrás de mí. Era un joven que amable, quiso avisarme que se me había caído el paraguas. Tuve que agradecerle con aparente contento y con una sonrisa simulada en lugar de gritarle en la cara:
NO ME GUSTA QUE ME TOQUE EL HOMBRO PARA LLAMARMEEEE, como me hubiera gustado, si no fuera que el muchacho no tiene la culpa de mi desequilibrio y que debo intentar controlar mis ataques neuróticos.

19/8/08

Invasión

Detesto cuando voy viajando en el subte, pensando en mis cosas (claro), y se paran dos personas a hablar tan cerca de mi, que sus palabras se meten por entre mis pensamientos.