23/4/10

23 de abril: Día Internacional del Libro

Fuente: RAE
Libro: del Latín Liber.
Líber: Entre la corteza y la madera del árbol.

Fuente: Yo
¿Puede haber algo más genial que lo que se encuentra entre la corteza y la madera de un árbol? Es la imagen más poética que, sin saberlo, nos podría haber dado el diccionario en un día como hoy.

Además, ¿no les suena a LIBRE?

21/4/10

Aventura gélida

El domingo a la tarde, junto con mi amiga C y tres hermosas niñas pre- adolescentes, viví lo que se podría llamar un simulacro de bombardeo. La tarde comenzó a oscurecerse y el granizo nos alcanzó en mitad de la Panamericana. Con el auto totalmente detenido durante aproximadamente 15 minutos; en medio de la autopista, con autos atrás, adelante, por todos lados; comenzaron a caer intempestivamente cascotes de hielo con una belicidad nunca antes vista por mi. Fue muy loco cómo se sentían los golpes en el techo por dentro. Nuetro parabrisas se astilló por completo y la chapa quedó toda moteada. La niña J lloraba y, en contraposición, la niña V reía, a carcajadas. Cada uno hacía la catársis a su manera y yo, ante la presencia de las menores y a pesar de que soy bastante maricona, debía compartarme como lo supuestamente adulta que soy. Y ni hablar C, que iba al volante y que al otro día tuvo que hacerse cargo de los arreglos.
Al final, Todo bien, pero es una experiencia no recomendable para personas impresionables.

5/4/10

A falta de pan, buenas son las tortas (en especial en otoño)

Y ahora que termino el verano
¿¿¿Qué nos espera a los calordependientes???

Es terrible, yo ya empecé a sufrir por el frío.
¿Estaré exagerando un poco?
Igual, siempre va a ser mejor que sufrir por amor... ¿No?

25/3/10

¿Será?

El otro día iba en el subte y me crucé con una burbuja.
¡En serio! Era una burbuja flotando por el aire. Increíble en el subte, no? A mí también me sorprendió, pero así fue.
Se me ocurrió pensar que podía ser un deseo de algún pasajero. Un deseo que se había materializado en una burbuja para así, poder ir volando a buscar lo que necesitaba para cumplirse.
Un deseo hecho burbuja flotadora.

21/3/10

Argumento de mi goce intelectual

Últimamente, escribo más de lo que leo. Antes era al revés, leía más de lo que escribía. Igual, ambas actividades me gustaría hacerlas en mucha mayor cantidad de la que las hago.

Leer me alucina, participo de otros mundos posibles y navego en historias imaginadas por otros.

Escribir me da paz. Me ayuda a pensar sólo en lo que quiero contar. Navego en mis historias y transformo el mundo con ayuda de la palabra. La palabra justa, la que quiero decir.

19/3/10

Porque amo tanto Uruguay

















Estuve nuevamente en Montevideo.

La quietud, las anécdotas largas, Tranquilo Bar, el río, la Ciudad vieja, los mercados callejeros.

Podría vivir en Montevideo.

Las distancias son más cortas y los tiempos más extendidos, como si las horas tuvieran más minutos. 70 minutos. Horas de 70 minutos.

La Pausa, el ver literario elegido en un primer piso de un edificio antiguo y hermosos que balconea hacia la Ciudad vieja.

Otra vez no me crucé con Galeano. No va a faltar oportunidad.

12/3/10

¿Por dónde se empieza ahora?


¿Y si empezamos por besarnos?

24/2/10

Autopregunta existencial

Mi mundo de fantasías es tan perfecto para ser habitado que a veces me pregunto, ¿tiene algún sentido intentar ser parte de la realidad?

Lo dejo a su criterio.

20/2/10

¿Y si te encuentro?

Mirando el cielo descubrí una bandada de deseos en el aire.
Pensamientos con perfume de lavanda.
Voy a encontrarte en el camino y a pedirte que me ayudes a hallar ladrillos con sabor a menta fresca y a chocolate, faroles con luz verde y canastas repletas de margaritas.
Me voy a poner un delantal hecho de lucecitas y te voy a pedir que llenes todo el espacio con guirnaldas y flecos.
También, que aprietes una manzana con la mano hasta que se deshaga en corazones y descubras que el amor está en todas partes.
En los tachos de basura que rebalsan de historias ajenas, en las antenas que están en las terrazas de los rascacielos que captan señales fluorescentes, en los charcos que se forman en las veredas rotas y guardan la memoria de los caminantes.
Y, en el momento indicado, me vas a ver leyendo un mapa de un lugar desconocido y con mi mochila repleta de puertas y ventanas, de palabras y matices y de ruedas que giran provocando sensaciones.
De ahí en más, me voy a convertir en polvo.
Un polvo destellante que cubra todo el universo de luz y risas.

9/2/10

La verdadera revolución: la belleza

Si revelarse es ir contra lo establecido, propongo la rebeldía.

En el mundo la belleza del alma no es prioridad, por lo tanto, creo que ser un alma bella es ser revolucionario.

Amar sin espera nada, exaltar la propia esencia y actuar consecuentemente.

¡Esa es la verdadera revolución!

(Pizarnik ya nos lo dijo muy claro).

30/1/10

Cosas que te pasan si tenés gata

Mi patio está repleto de mariposas.

Mi gata descubrió que puede saltar alto y llegar a la medianera y así, irse de paseo por ahí. Por lo tanto recién llegué de la calle y no estaba. No está, en este preciso instante. Siempre que se fue, hasta ahora, volvió. Esto me hace pensar que esta vez será igual, por esto mi aparente tranquilidad.

Y mi patio, está repleto de mariposas.

Miro hacia el cielo, buscando en los balcones de mis vecinos a ver si la veo a Simona y ahí es cuando me encuentro con las miles de mariposas naranjas.

Interrumpo está escritura porque suena el teléfono, es mamá, pregunta por la desaparecida y entonces vuelvo a salir y a mirar hacia arriba. Ahí está, asomada por la escalera de servicio de mi vecino (ese que no es muy ameno). La puteo un rato como si me entendiera y salgo al pasillo con un cascabel. Es casi automático, yo hago sonar el cascabel y ella aparece. Siempre.

Mi tranquilidad ya no es aparente, ya es certera.

Y vuelvo a salir a mi patio y sigue repleto de mariposas.

2/1/10

¡Por un 2010...

...repleto de deseos cumplidos!

(Marc Chagall)

La felicidad bien podría tener estos colores...
...es mi deseo para este año.

¿Y el tuyo?

26/12/09

Los imperdibles indoors

Café con leche en el patio a la mañana y si llueve, en la cama.

Radio: Sábado FM, domingo AM.

Lectura de cuentos de Woody (el original) y poesía de Benedetti (entre otros).

Simona luchando con los pompones que cuelgan de la ventana del living. Gata chocha y dependiente cuando estoy en casa.

Flores en el baño.

Coca cola con hielitos.

Películas en 21` (las veo en la computadora)

Amor a cualquier hora.

Ducha tranquila y con tiempo de sobra.

Siesta obligada.

Escritura en cuaderno con espiral.

Cocina casera y creativa (eso significa que pruebo cosas que nunca hice, arriesgándome a resultados inciertos).

Pan con salsa golf BC (otro de mis vicios)

Descansar realmente, no salir de casa ni a sacar la basura por un día y medio por lo menos.

Cambiar lo adornos de lugar (intento todo el tiempo variar las cosas de lugar de mi casa para sentir renovación, eso lo heredé de mi casa materna).

Fumarme un pucho en el sillón, mirando el techo y tratando de hacer formas con el humo (nunca me salen).

Con costurero y mis cajas de dijes, botones y cositas, hago artesanías. Varían según la época.

Hablo un poco por teléfono, siempre que la empresa que me presta el servicio haya querido darme línea ese día (últimamente, un día tengo teléfono y un día no, no sé que onda).

Pienso.

Todo el tiempo pienso. Razono todas las posibilidades de cada una de las situaciones de mi vida (esto a veces es realmente agotador, no debería hacerlo en fin de semana).

Riego las plantas del patio.

Observo cuantos limoncitos está dando mi limonero.

Y sonrío.

Sonrío mucho.

Porque me encanta estar en mi casa, realmente la siento mi resguardo.

Por esto también a veces lloro, porque me amparo en mi territorio.

Pero por suerte, por suerte y porque así lo quiero, fundamentalmente sonrío.

4/12/09

Mi cartera acarrea

Una gran billetera con más fotos y fotitos, estampitas y papelitos que billetes.
Una cigarrera china.
Un bolso repleto de cosas que se pueden necesitar imprevistamente estando fuera de casa (desde costurerito de viaje hasta aspirina y curitas).
Una bolsita con caramelos, siempre.
Llaves.
Muchas llaves. Tengo tres llaveros distintos con llaves de diferentes lugares y muchos dijes colgando.
Dos teléfonos (lamentablemente el trabajo me exige que use un radio/ladrillo insoportable).
Mis lentes de falso carey y mis anteojos para el sol.

Un libreta y una birome para escribir todo lo que se me va ocurriendo o data que recojo por allí.
Un norteño monedero que guarda amuletos, recuerdos y monedas de otros países, no de uso diario, no.
Y siempre algo extra: un libro, una artículo de alguna revista, alguna sección del diario, varios folletos; por ejemplo.

(No es necesario aclarar lo que pesa, NO?).
Un mundo.
Una verdadera caja de Pandora.


2/12/09

Conversación en el baño del trabajo


- Nena, si no sacás lo viejo, no hay lugar para lo nuevo!


(Ellas hablaban de la ropa y de los zapatos, de renovar el placard.

A mí me pareció muy certero, pero para otros ámbitos de la vida…)

6/11/09

Mis licencias libertinas

Los vicios son como bastoncitos que te auxilian en ciertos momentos complejos o que simplemente te acompañan a través de la vida. No deberíamos abusar, pero innegablemente no se puede tampoco prescindir totalmente de ellos. Creo que es una cuestión netamente voluntaria y poco nociva en mi caso y que son escasos los que repito a través del tiempo. Algunos son:

Cigarrillo: trillado pero efectivo. Los míos son muy light, muy finitos y muy largos; “Has recorrido un largo camino muchacha.” Especialmente para ser fumados después de comer; nunca a la mañana.
Hielo: el principal de mis vicios. No puedo dejar de poner hielo en mi vaso de bebida, pero para peor, no puedo dejar de masticarlo. Llegué al extremo de abrir el freezer y que me tiente un hielo (Sí!). Mi amiga R odia ese de mis vicios.
Coca-Cola: brebaje sabrosísimo que aunque sus detractores no paren de contar que con ella podés hasta desoxidar un clavo, a mi me cuesta irme a acostar sin tomarme un vaso grande que, según mi teoría, hasta me quita el dolor de cabeza (eso sí, con mucho hielo). La receta, sólo la tiene unos pocos (sic).
Chocolate: si tiene propiedades antidepresivas o si puede servir de placebo para la falta de actividad sexual no lo sé, pero algo hace que no pase ningún día de mi vida en el que no coma un, aunque sea, pequeño bocado de él. La fortuna me acompaña si cuento que en cantidad me empalaga mucho, por lo tanto no paso del pedacito diario. Preferentemente negro con leche pero no macizo ni con pasas. Con almendras, crocantes o aireado, sí.

No son obscenos, ni deshonrosos, ni degradantes. Son hábitos en mi vida que no puedo cambiar. Pero principalmente creo que no quiero cambiar. El anárquico Spooner ya decía que los vicios son simplemente los errores que un hombre comete en la búsqueda de su propia felicidad, y yo busco a veces mi felicidad también con estas pequeñas prácticas indignas que acompañan mi diario andar. Coincido como con nada con lo que me dijo el otro día mi amigo A sobre que Raúl Landero, en su novela Juegos de la Edad Tardía dice que algún vicio siempre hay que tener, sino, nos moriríamos de imposibilidad de mejoría. Que así sea.

30/10/09

Mayores recuerdos

Encuentro con un ex después de gran cantidad de tiempo.
Yo: (sin ánimo de histeriquear y con la dulzura de los buenos recuerdos)

- ¿Por qué será que de todos los hombres con los que salí, a vos es al que recuerdo con mayor cariño?
Él: (con una sonrisa suave)

- ¿Será porque moría de amor por vos y vos no me dabas bola???


N. de R.:
Él tenía 37 y yo 23. En la era en la que no existían los celulares, mi mamá le atendía el teléfono de casa y le decía:
- Señor, S se está bañando, dice que la llame en un rato…

28/10/09

En cantidad

El domingo cumplí mucho, mucho años.
Mi patio estaba repleto de muchas, muchas flores y plantas.
Vinieron y me llamaron mucho, mucho amigos y personas a las que quiero mucho, mucho.
Tomamos mucho, mucho Medio y Medio (estaba muy rico realmente).
Festejamos muy mucho y la pasamos extremadamente bien.
Estoy muy, muy feliz.



(Mucha, muchísimas gracias a todos)

23/10/09

Un chaparrón no es caída

Llovía. Llovía con una fuerza incalculable. De esas formas en las que el agua no te permiten ver más allá de unos cuantos metros. Yo miraba por mi ventana. El mundo estaba bañado y colapsado. Entonces comencé a seguir con la mirada a un hombre que caminaba por la vereda de enfrente de mi casa. Lo seguí atentamente unos cuantos minutos, porque caminaba bastante pausado; pausado y torpe. En realidad muy pausado si tenemos en cuenta cuánto estaba lloviendo. Llegó hasta la esquina y comenzó a cruzar sin mirar. Un auto blanco avanzaba por allí y su conductor le hizo luces, pero él siguió cruzando. Luego, le tocó bocina ya estando muy cerca. Yo me sobresalté y esgrimí un gemido acompañado de una respiración con murmullo que salió de mi boca. El transeúnte se detuvo repentinamente. Justo antes de pasar por delante del auto que no iba a llegar a frenar. Le pasó tan cerca que le salpicó los pantalones con el charco de agua sucia que se había formado en la bocacalle. En el mismo instante en el que se detuvo, se dio vuelta abruptamente y miró para arriba hacia mi ventana. Me miró casi a los ojos a pesar de la distancia. Me asusté y di un paso hacia atrás. Se quitó la capucha que llevaba puesta, me sonrió con agradecimiento y siguió camino. Entonces, avancé quedando casi pegada al vidrio y lo seguí mirando hasta perderlo de vista por la lluvia. No supe como sucedió, pero acababa de salvarle la vida a un desconocido.